7 de octubre de 2019

INJERTO PURO DE RAÍZ EN ACER PALMATUM SHISHIGASHIRA

En la primavera de 2018 y entre otros, compré un palmatum Shishigashira para ir aumentando el número de variedades de qué dispongo. Este ejemplar está lleno de defectos, el primero de ellos son las tres ramas que salen del tronco principal, que aunque podría plantearme un modelado con ellas, son excesivamente largas y rectilíneas, por lo que llegado el momento, tendría que acortarlas. Y como principal defecto es que tiene unas raíces en forma de garra, feísimas.

Shishigashira se distingue por tener unas hojas rizadas y muy pequeñas, y además con la gran ventaja de que sus entrenudos suelen ser cortísimos. En otoño, las hojas se vuelven rojo púrpura con tonos rojo anaranjados, siendo más intensos si se cultivan a pleno sol, y más resistente a las quemaduras que otras variedades, siendo por esto por lo que es una de las mejores variedades para cultivar como bonsai.

Lo lógico para solucionar el asunto de las raíces, sería el acodo, pero no podría realizarlo hasta la primavera que viene, en el mejor de los casos, siempre y cuándo brotara con fuerza. Así que en diciembre de 2108, lo transplanté, y medité sobre la posibilidad de en vez de eliminar las raíces inecesarias, las reutilizaré para injertarlas en una parte del tronco que carece de ellas.
Como véis es una raíz que nace excesivamente alta y por tanto, inservible.

Por otra parte y desde otro ángulo, se aprecia que por debajo de ella hacen otras raíces.

Y justo al lado contrario tenemos una zona sin raíces.

Pues justo en esa zona desprovista de raíces hacemos un taladro de unos dos centímetros de profundo y con una broca de un diámetro parecido al de la raíz que se intentará injertar.

Pelamos la corteza de la raíz, ya cortada, procurando dejar un diámetro lo más parecido al agujero taladrado, de forma que entre lo más justo posible.

Y la introducimos firmemente, como podéis ver en la foto, la unión ha sido tan perfecta que a simple vista es imposible saber que ha sido colocada allí de forma artificial.

Para evitar la entrada de humedad, que sería fatal para el posible pegado del injerto, sello con pasta para podas, resistente al agua.

Otra medida de precaución es asegurar la raiz sujetándola parcialmente con uno de los alambres de anclaje a la maceta.

Y como tercera precaución, plantaremos un poco alto, de forma que la zona que intentamos injertar quede al aire.

Si el injerto funciona me plantearé la posibilidad de utilizar las raíces existentes, acortándolas en lo posible y redireccionándolas con alambre. Si no funciona pues volveré a la idea original y acodaré por el sistema tradicional.

Este mismo procedimiento lo hacemos con dos raíces más.

Tenemos que proteger las raíces, no puede llegarles la humedad pero tampoco pueden estar al aire, así que en estas dos que vemos y al estar la zona de unión muy cercanas al sustrato pues levantamos un murete para poder poner sustrato extra que las proteja.

Pero no podemos dejar que las zonas de contacto estén bajo el sustrato, deben quedar al aire. Este sustrato extra lo mantuve hasta ser eliminado en la primavera siguiente, que después de tres meses, y caso de que las raíces no se hubiesen pegado, ya estarían muertas.
 

Tras dies meses, ya en octubre de 2019, hago la prueba del algodón: Rasco un poco la corteza de las raíces injertadas y sale verde, las raíces no sólo están vivas sino que además han crecido. Sin querer tirar las campanas al vuelo aún, creo que los injertos han funcionado al 100%, tres intentos, tres raíces vivas.


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