19 de enero de 2019

EVOLUCIÓN DEL ACEBUCHE "LA CULEBRA"

Este es el aspecto en mayo de 2009, cuándo fue recolectado.

En agosto del mismo año, ya presentaba este aspecto.

 Demasiado palitroque, sin movimiento, hay que hacer algo.
Después de meditarlo, me da pena desperdiciar tanto tronco y al menos, de momento, haré tenjin con él. Para cortar siempre hay tiempo. Manos a la obra. Marcar y cortar en bruto.





Poco a poco, va tomando forma. En espera de los brotes adecuados, arreglo con lo que dejo. Sigue estando en bruto, ahora debo refinar las texturas y sobre todo, aligerar la parte baja del jin, se ve demasiado pesada y quiero conseguir que parezca algo que flota, como una cobra dentro del canasto cuándo escucha la flauta.
En enero de 2013 estaba así. Poco a poco iba definiendo su forma.

 En julio de 2017 y recién defoliado. Ya estaba avanzada la subramificación.

Así está hoy. Ya es hora de que le busque una maceta personalizada, que hasta el momento siempre anduvo con zapatos prestados, pero no tengo ni idea cual le vendría bien.

Así era y así está, diez años separan ambas fotos.

13 de enero de 2019

EVOLUCIÓN DEL ACEBUCHE "EL ESTIRAO".

Este acebuche fue recolectado a principios de 2008 y a los diez meses ya había brotado con fuerza. Era un palo largo y cilíndrico del que poco se podía esperar, vamos, uno de esos ejemplares perdidos que a mi me gustan.
En 2009 fue dejado crecer libremente, limitándome a acortar los brotes excesivamente largos y trabajé los dos tocones intentando conseguir unas cabezas de delfines, que no todo van a ser dragones, digo yo. Parecía un chupa chups.

En 2010 y tras la eliminación de muchas ramas inservibles, quedó más feo que nunca.

Y así estuvo hasta 2011. Aunque la parte alta había ramificado bien, existía un gran tramo sin ninguna rama, cosa imprescindible para tapar ese cilindro si quería mantener la altura. Así estaba en abril de dicho año tras una defoliación.

Hasta dicho año estuve esperando algún brote que pudiese servir para cubrir esa porción de tronco tan larga y desprovista de ramas, pero fue una espera infructuosa, así que aproveché un brote bajo con el que efectuaría un primer injerto. El brote en cuestión fue llevado hasta la zona dónde sería injertado así que desde ese momento ya podría ir viendo como quedaría.

Para que resultase más fácil el trabajo, fui acercando el brote hasta el lugar dónde sería injertado, de forma que llegado el momento ya lo tuviese en su lugar.

El principal problema de los injertos es el feo abultamiento que suele quedar en la zona de unión y lo que voy a tratar de conseguir es injertar una rama con una zona de unión lo más suave posible. En un principio tendría poca importancia porque queda en la parte trasera del tronco, pero bueno, mejor si no se nota. Ya pasado el mini parón veraniero llegó el momento.
Para eso efectúo un canal en el tronco del diámetro de la rama a injertar. Ato fuertemente con rafia, sello con pasta y vuelvo a enrafiar encima.

Una vez vuelto a enrafiar, comprimo con una sargenta, antes de que se seque la pasta. Esta presión extra facilitará la unión y de paso, evitará en parte que se produzca un excesivo engrosamiento de la zona de unión.

Podría haber injertado la parte de la curva para que también quedase oculta, pero la rama que me interesa y con la que reharé, es la marcada.

En 2012 y tras la defoliación de la rama injertada, fue cortada la unión. Quería dejar la rama en latencia de forma que cuándo empezase a brotar en primavera, el brote tirase ya del tronco principal. La idea funcionó a las mil maravillas.

Y nuevamente pasaron varios años en los que estuvo recuperando fuerzas en una maceta de cultivo, hasta que a principios de 2018 lo puse en una maceta bastante más plana.

El principal problema que tiene es que la rama que marco con la flecha está muy alta y está justo a la misma altura que la que tiene enfrente y que por diseño, no puedo eliminar, quedando un gran hueco vacío y que marco con el círculo verde.

Con un corta pega hago una prueba moviendo esa rama y queda muy mejor, ya tengo preparado un brote que será el que utilizaré para el nuevo injerto. Cuándo esté injertada ya podré aligerar la parte alta y ordenar las ramas como Dios manda. Piano piano se va lontano.

 Bueno, y para terminar, la habitual comparativa.

10 de enero de 2019

EVOLUCIÓN DE ACEBUCHE.- EL DRAGÓN QUE SE ENAMORÓ DE LA LUNA.

Este acebuche llegó a mis manos en diciembre de 2010, procedente de un desbroce en una finca que iban a urbanizar y propiedad de un amigo.

Para empezar, de cuatro troncos, dejé dos para acercar un poco la idea, mientras deshojaba la margarita me entretuve intentando hacer una cabeza de algo.

Al año siguiente estaba en un callejón sin salida, ni idea que hacer, un año de reposo y que saque verde. Tres jines a la izquierda y una trompa a la derecha, no, demasiado raro un elefante con cresta. Leña al mono, corto el tronco de la derecha, ¡Dios mío! si parece un árbol asustado!!! Aprovecho y ante la falta de ramas bajas realizo un autoinjerto... por favorrrrrrrrrrrr que pegueeeeeeee...

Afortunadamente unos meses después el injerto lleva buen camino, y aligero un poco los jines. Aclaro las ramas, quito muchos brotes y esto es lo que queda... "¡Por Dios! si está peor que antes..."
Así estuvo hasta el 30 de abril de 2012. Nuevamente bloqueado con el diseño así que "de perdidos al río", lo pongo en quirófano y con la Dremmel le hago un tuneado. Algunas acanaladuras, algunos hoyuelos y listo para transplante.

 Así quedó después del transplante. La rama injertada la dejo sin tocar para que pille fuerza.

Desde 2012 estuve trabajando la ramificación primaria, aún estoy en ello, aunque la estructura básica está definida. Tras varios trasplantes, eliminación del jin más bajo y aligerado de la madera del shari, así luce en enero de 2019. Mis árboles no tienen nombre, pero gracias a la idea de un amigo del grupo de Bonsais, técnicas y experimentos, este árbol podría llamarse "Pequeño dragón enamorado de la luna". Un saludo, amigo Luis QG.

Y como ya viene siendo tradicional, una foto comparativa de como era y como está. Entre ellas, nueve años de cultivo.

5 de enero de 2019

MYRTUS COMMUNIS

El mirto es una planta llena de simbología: En la Grecia Clásica, el mirto o arrayán, estaba asociado a la diosa Venus o Afrodita y simbolizaba tanto la fecundidad como la fidelidad. Plinio el Viejo describe, en su Historia Natura ritos nupciales en los que los esposos iban coronados con mirto durante el banquete. En época romana la planta no pierde su significado erótico, pues se utilizaban ramilletes de mirto para azotar a las mujeres durante las festividades de la Bona Dea, con el fin de aumentar su fertilidad, tal y como describe Ovidio en sus Fastos.
Otra historia del mundo clásico relaciona el mirto con significados funerarios: la de Baco o Dionisioo bajando al Hades a rescatar a su madre, muerta por los rayos de Júpiter. La tradición cuenta que tuvo que dejar un arbusto de mirto en el inframundo para poder sacar a su progenitora.
El cristianismo continúa utilizando el mirto, esta vez con su sentido de pureza y fidelidad, para coronar a los nuevos cristianos en épocas tempranas o representando a la Virgen con una rama en señal de virginidad.

Este mirto que presento fue adquirido a finales de  2008 y fue sometido a un intenso aclarado, eliminando muchas ramas y recortándolo en altura.

Estuvo creciendo líbremente durante varios años.

Y cuatro años después, ya en 2012,  recibió su primera formación como bonsai, adquiriendo la forma pretendida para su modelado. Un dato importante para esta planta es que le gusta la humedad pero necesita un sustrato muy drenante pero a la vez con una parte importante de orgánico, pero tanto el exceso de humedad como la falta de nutrientes lo hace resentirse seriamente. Esto es un binomio que para mi tierra es difícil de conseguir y no podemos perderlo de vista, pero es preferible que pase sed a que pudra las raíces por exceso de humedad con el consiguiente perjuicio para la planta.

Fue trasplantado cada tres años por lo que el siguiente trasplante le tocaría para finales de 2019, pero la maceta estaba muy sucia y necesitaba un limpiadito, así de paso, también efectúo un cepillado del nebari, bastante cubierto de musgo y una reposición de la capa superficial del sustrato, algo saturada de restos de abono.

La maceta es sumergida en salfumán lo que en unos minutos la deja totalmente limpia de restos salinos y otras incrustaciones.

Una vez bien enjuagada la maceta, replantamos reponiendo el sustrato eliminado.

Diez años separan ambas imágenes. Esta planta florece de brotes nuevos por lo que si queremos floración y posterior fructificación, no debemos pinzar ninguna de los brotes nuevos, por lo que si queremos mantener la forma, perderemos la floración. Este año lo dejaré sin pinzar para que recobre vitalidad y de paso, disfrutar de la floración que en buenas condiciones de cultivo, es espectacular.

4 de enero de 2019

FICUS RETUSA

Proviene de esqueje sacado en 2003 aunque no tengo fotos del momento. Empecé a fijarme en él en 2007, había desarrollado un sistema radial de raíces que me dió buenas esperanzas, y de ahí su primera foto. Debido a la resistencia y facilidad de mantenimiento, ficus bonsai los hay a cientos de millones, pero a poco que os hayáis fijado no son muchos los que muestra un nebari radial, y este es uno de ellos.

En 2011 empezó a definirse su estructura primaria y el nebari progresaba adecuadamente.

En 2016 ese incipiente nebari había tomado cuerpo y hace que este ejemplar ocupe un espacio adecuado en mis estanterías. Y empezó el momento de prestarle toda la atención a la ramificación secundaria.

Y una vista general. Cada vez que alambro un ficus casi tiemblo, no son demasiado amigos de los hierros y secan las ramas alambradas con demasiada facilididad, sobretodo cuándo no son demasiado gruesas, en prevención dejo algunas hojas como tirasabias, si no hubiese alambre el defoliado hubiese sido integral. Nuevamente me fijo en como incomoda esa raíz, ahora en el centro bajo de la foto.
Espero que con el tiempo las raices terminen fusionándose unas con otras. A partir de ahora le prestaré más atención y empezaré a crear la ramificación que secundaria que hasta estos momentos estuvo olvidada. Sólo han sido trece años desde que  era una ramita procedente de una poda y hoy se merecía una entrada.

Hoy 4 de enero de 2019 tocó un nuevo arreglado del conjunto, limpieza integral de la superficie del sustrato, maceta y una disminución de la altura del ejemplar, he remodelado el ápice y bajado unos diez centímetros su altura. Empiezo a pensar que debo controlar el engorde del nebari, está alcanzando unas dimensiones bestiales.

Y como viene siendo habitual, pues una comparativa de como empezó y como está tras quince años desde que saqué el esqueje.

ULMUS PARVIFOLIA.- NUEVE AÑOS DE CULTIVO

Este Ulmus parvifolia lo compré (es el único ejemplar que compré ya siendo prebonsai) en 2009, entonces era una especie de boomerang con una ramificación en forma de bolita y en el que casi ninguna rama nacía en la dirección correcta, cuándo tenía hojas daba el pego, pero desnudo lo único que daba era pena.

En noviembre de ese mismo año fue podado intentado dejar las ramas que en ese momento pensaba podrían servir.

Tras nueve años de cultivo su forma ha cambiado totalmente y tras rehacer todas las ramas y acortar el segundo tramo (zona del verde), ya no se ve tan recta, pero le veo tiene un gran problema, cuándo lo compre tenía tres grandes cicatrices y las trabajé para convertirlas en una sóla y facilitar su cerrado, pero por inexperiencia y excesiva prudencia, no profundicé lo suficiente en ella, por lo que pasado el tiempo y a pesar de estar casi completamente cerrada ha provocado un abultamiento muy feo y para intentar eliminarlo tendría que volver a escarbar y volver a esperar un mejor resultado y no estoy dispuesto a ello, así que ¿porqué no injertar una rama en ese lugar?

Con este convencimiento, la temporada pasada saqué unos esquejes para poder realizar el injerto. Y como suele ser habitual, probablemente sea un defecto profesional, siempre me gusta tener un plan B o más bien, como en este caso, una segunda oportunidad y ante la posibilidad de rotura al pasar el brote por la zona taladrada pues dejé dos ramas así que si se fastidia una, siempre tendría una sustituta, no es plan de tener el tronco taladrado y sin rama que meter.

El injerto permaneció cuatro meses, pasado los cuáles y viendo su engrosamiento, parecía que había tenido éxito.

Hoy 3 de enero de 2019 lo he trasplantado y cambiado un poco el ángulo de plantado, lo que provocó que una zona de las raíces quedase demasiado elevada, para solucionarlo nada mejor que un par de cañas de bambú.

Y tras un buen aseado de la maceta, nuevamente a su lugar. Este primavera será determinante para saber si la rama injertada brotará adecuadamente y si queda estéticamente aceptable pues permanecerá, caso contrario pues la cortaré.

Y para terminar, una comparativa de su progreso en nueve años.