29 de noviembre de 2021

BOSQUE DE MANZANOS (MALUS DOMÉSTICA)

Sigo en mi empeño de conseguir más aire para mis ejemplares y hoy tocó un plantado múltiple de manzanos. que no sirven para nada y que solo ocupaban espacio en mis baldas. Meteré cinco ejemplares en una maceta y será otro empujoncito para poder seguir separando el resto de ejemplares.
 
 Los dos más antiguos proceden de tocones, resto de acodos, que como siempre, me dió pena tirar.
 
Los tres más pequeños proceden de un trabajo que le mandaron a mi hijo en el colegio, terminó el ejercicio y allí me apareció con un algodón húmedo y tres semillas de manzano ya brotadas. En su momento experimenté con ellas aplicando cerradas curvas buscando algo diferente pero realmente fue un fracaso y por aquí andaban, seguiré intentando compactar esos tirabuzones pero por mero entretenimiento. De momento van para el lote.

En su momento y con hojas efectué varios plantados virtuales intentando lo imposible, encontrar un plantado que no repeliese demasiado, pero no fue posible por lo que las expectativas de conseguir algo agradable con este trabajo eran mínimas.
 
Y aquí tenemos a los cinco ejemplares, ya sin hojas, en el corredor de la muerte, preparados para ir siendo desplantados con el correspondiente lavado y corte de raíces gruesas.
 
 Poco a poco empiezo a encajarlos en la maceta.
 
 Los de los tirabuzones están para tirar.......los. Una piedrecita por aquí y musgo por allá.
 
En el rincón delantero de la izquierda, en vez de musgo he plantado unos restos de Pratia pedunculada y Saxífraga stolonifera. Pratia es una planta tapizante que emite gran cantidad de raíces y muy invasiva y pequeñas flores estrelladas más que bonitas. Saxífraga destaca por unos tallos florales de una delicadez y belleza sin igual, también es invasiva aunque bastante menos que la primera.
 
Y así queda el engendro. Como era previsible todo es un pegote de ramas sin sentido. Al menos el fin perseguido está logrado: conseguir espacio libre en las baldas.
 

22 de noviembre de 2021

ACER GINNALA.- LOS CUATRO JINETES DE LA APOCALIPSIS (IV Y ÚLTIMA)

Acer ginnala o Acer tataricum subsp. ginnala, es también conocido como Arce de Manchuria, Arce del Amur, Amur o Arce Ruso, es una subespecie de Acer tataricum perteneciente a la familia de las sapindáceas.

Crece como planta ornamental en regiones norteñas de Europa y de América, donde es la más tolerante al frío de los arces y por contra, pues es la que más sufre con el calor y la sequedad de verano.

Al igual que tantos arces, el Acer tataricum subespecie ginnala (antes Acer ginnala) hace gala de una colorida otoñada, pero además es una de las especies más rústicas y resistentes a la sequía, ideal por lo tanto para cultivar en gran parte de la Península. Se trata de un árbol pequeño o un arbusto grande multitronco, que crece lentamente hasta desarrollar 5-7 metros de altura y una copa redondeada de un tamaño equivalente. Su zona de origen es el largo valle del río Amur, que recorre el extremo sureste de Rusia y el extremo noreste de China. Tolera la contaminación ambiental y las heladas e incluso ofrece buena resistencia al viento.

Es un árbol de fácil cultivo. Lo ideal es plantarlo en un lugar bien soleado, aunque admite también la sombra parcial. Acepta cualquier tipo de suelo, incluso seco o arcilloso. Solo necesita riego durante el primer año, hasta enraizar; luego puede soportar la falta de agua. No suele presentar problemas serios de plagas o enfermedades. Es suficiente una poda de limpieza para eliminar las ramas secas. Admite los trasplantes dado su sistema radicular superficial y extendido.

Hasta aquí la teoría de la que discrepo totalmente, insisto en que todos mis comentarios se refieren a mi zona de cultivo, Cádiz marítimo.
 
Si las otras tres especies anteriores fueron pésimas ya me quedé sin adjetivos para el Ginnala, que además fue el más caro de todos. Tan mal llegó que en el primer año de mimos y abono no sacó ni una ramita nueva. Y comprobé esa leyenda urbana de árbol fuerte y rústico que aguantaba la sequía y el sol. También estuvo afectado por la clorosis, síntoma de que tampoco era muy amigo del agua dura.

No fue hasta cuatro años después cuando pareció que se animaba a crecer, fue el momento de meterle esos monstruosos doblados que a veces realizo, sin dudas es más fácil "desdoblar un tronco grueso" que doblarlo.
 
Rápidamente me di cuenta del error, al quitar el amarre, no me gustó como quedó, así que a "destorsionar" un poco. El ejemplar seguía brotando bien, sin demasiada fuerza pero de forma aceptable, pero era llegar el calor del verano y el viento de levante y se churruscaba totalmente.

En 2018 lo estuve protegiendo todo lo que pude del sol, utilicé una mezcla con alto porcentaje de pómice que dicen retiene más humedad que la akadama, sin descuidar el riego, sin dudas de algo sirvió, aguantó bien el verano y tuvo una aceptable otoñada, pero el pómice es muy ligero y cada vez que soplaba el fuerte viento de levante, me llenaba el suelo de gránulos, hoy día sigo quitando pómice del suelo cada vez que sopla el viento y eso que el saco de 25 kilos que compré, lo gasté hace tiempo.

En los dos años siguientes también aguantó relativamente bien, había decidido deshacerme del ejemplar pero quise darle una quinta oportunidad, que por falta de ganas no sea.

A finales de 2020 eliminé la malla de sombreo que tenía para intentar sustituirla por plantas naturales, el caso es que he plantado varios ejemplares de glicinias con la intención de conseguir una capa sombreadora con esta especie trepadora y de fuerte crecimiento, y como son ejemplares jóvenes pues no hubo prácticamente sombra para ninguna planta, excepto palmatums que están en su lugar específico, así que el resultado es el que os imagináis, hojas churruscadas desde principios del verano, así que ni pongo fotos, da pena.