Acer ginnala o Acer tataricum subsp. ginnala, es también conocido como Arce de Manchuria, Arce del Amur, Amur o Arce Ruso, es una subespecie de Acer tataricum perteneciente a la familia de las sapindáceas.
Crece
como planta ornamental en regiones norteñas de Europa y de América,
donde es la más tolerante al frío de los arces y por contra, pues es la
que más sufre con el calor y la sequedad de verano.
Al igual que tantos arces, el Acer tataricum subespecie ginnala (antes Acer ginnala) hace
gala de una colorida otoñada, pero además es una de las especies más
rústicas y resistentes a la sequía, ideal por lo tanto para cultivar en
gran parte de la Península. Se trata de un árbol pequeño o un arbusto
grande multitronco, que crece lentamente hasta desarrollar 5-7 metros de
altura y una copa redondeada de un tamaño equivalente. Su zona de
origen es el largo valle del río Amur, que recorre el extremo sureste de
Rusia y el extremo noreste de China. Tolera la contaminación ambiental y
las heladas e incluso ofrece buena resistencia al viento.
Es un árbol de fácil cultivo. Lo ideal es plantarlo en un lugar bien
soleado, aunque admite también la sombra parcial. Acepta cualquier tipo
de suelo, incluso seco o arcilloso. Solo necesita riego durante el
primer año, hasta enraizar; luego puede soportar la falta de agua. No
suele presentar problemas serios de plagas o enfermedades. Es suficiente
una poda de limpieza para eliminar las ramas secas. Admite los
trasplantes dado su sistema radicular superficial y extendido.
Hasta aquí la teoría de la que discrepo totalmente, insisto en que
todos mis comentarios se refieren a mi zona de cultivo, Cádiz marítimo.
Si
las otras tres especies anteriores fueron pésimas ya me quedé sin
adjetivos para el Ginnala, que además fue el más caro de todos. Tan mal
llegó que en el primer año de mimos y abono no sacó ni una ramita nueva.
Y comprobé esa leyenda urbana de árbol fuerte y rústico que aguantaba
la sequía y el sol. También estuvo afectado por la clorosis, síntoma de
que tampoco era muy amigo del agua dura.
No
fue hasta cuatro años después cuando pareció que se animaba a crecer,
fue el momento de meterle esos monstruosos doblados que a veces realizo,
sin dudas es más fácil "desdoblar un tronco grueso" que doblarlo.Rápidamente
me di cuenta del error, al quitar el amarre, no me gustó como quedó,
así que a "destorsionar" un poco. El ejemplar seguía brotando bien, sin
demasiada fuerza pero de forma aceptable, pero era llegar el calor del
verano y el viento de levante y se churruscaba totalmente.
En
2018 lo estuve protegiendo todo lo que pude del sol, utilicé una mezcla
con alto porcentaje de pómice que dicen retiene más humedad que la
akadama, sin descuidar el riego, sin dudas de algo sirvió, aguantó bien
el verano y tuvo una aceptable otoñada, pero el pómice es muy ligero y
cada vez que soplaba el fuerte viento de levante, me llenaba el suelo de
gránulos, hoy día sigo quitando pómice del suelo cada vez que sopla el
viento y eso que el saco de 25 kilos que compré, lo gasté hace tiempo.
En
los dos años siguientes también aguantó relativamente bien, había
decidido deshacerme del ejemplar pero quise darle una quinta
oportunidad, que por falta de ganas no sea.
Actualizo esta entrada aunque realmente hay poco que actualizar. Este ejemplar sigue vivo pero con pocas ganas de crecer y encima el temporal de viento que tenemos ahora le ha partido dos ramas. 😖
Ha desarrollado un principio de nebari pero en la dirección incorrecta. Así está en la primavera de 2026, ni chicha ni limoná.







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